La esfera de Aldo

La esfera de Aldo

Los domingos por la mañana su papá de Aldo lo llevaba de paseo a la feria. Durante toda la semana aquel niño esperaba con ansias ese paseo, pues pasaba un rato muy divertido subiéndose a la montaña rusa, a la rueda de la fortuna o hasta a los carros chocones.

Otro atractivo que tenía ese sitio es que estaba repleto de puestos con miles de juguetes distintos. Mientras pasaba por los pasillos de ese centro recreativo, vio un estante nuevo en el que se ofertaban esferas de vidrio, las cuales en su interior contenían hermosos paisajes.

– Papá, papá ¿me compras una esfera por favor?

– Hijo escucha bien lo que voy a decirte. Esta vez sólo podré comprar un obsequio. Así que tú decide ¿quieres el libro de cuentos para leer cortos o prefieres este juguete?

– Definitivamente prefiero la esfera. Con ella puedo crear muchos cuentos utilizando mi imaginación.

El niño escogió una que en su interior tenía varias casitas unidas, simulando una de esas villas campestres que casi ya no se encuentran en la realidad.

En cuanto llegó a su casa la colocó en su tocador. Desde luego, antes de hacer eso la agitó vigorosamente para ver cómo las chispitas blancas que simulaban la nieve, caían sobre los tejados.

Esa noche Aldo se quedó dormido como un tronco, puesto que quedó agotado después de estar todo el día en la calle. Sin embargo, una luz muy intensa lo despertó.

El niño entreabrió los ojos y observó como de la esfera salían unos enanitos diminutos del tamaño de la cabeza de un alfiler. Fingió que estaba dormido para saber a dónde iban. Le sorprendió ver que se dirigieron a su buró, lugar en donde estaba una tablilla de chocolate.

Los hombrecitos cortaron un cuadrito de la golosina y regresaron a su lugar en el mayor sigilo. A pesar de eso, antes de que entraran de nuevo al tomo de cristal, Aldo prendió la luz y les dijo:

– ¿quiénes son ustedes?

– Somos los habitantes de la villa. Nos quisimos robar, sólo que nos gusta comer chocolate y el nuestro se nos había acabado.

– No hay problema. Pueden tomar lo que gusten. Yo guardaré su secreto.

Al día siguiente Aldo despertó creyendo que todo había sido un sueño. No obstante, volvió al buró y vio que el cuadro de chocolate se había esfumado.

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